Un fracaso más

A   MANERA  DE  EDITORIAL

28/10/09

El llamado de Jaime Nebot  a defender  del centralismo lo que Guayaquil ha logrado, se derrama y fluye viscosamente cuando le preguntan en plena sesión del  Consejo Cantonal acerca  de la disposición del MIDUVI para renegociar el contrato con Interagua y el contesta que eso corresponde a las partes que suscribieron el contrato y que eso no puede ser obligatorio,  dicho de otra manera, con plena desnudez y desverguenza, al  MIDUVI no le corresponde actuar y  el Municipio de Guayaquil  no está obligado a ninguna renegociación.

De espaldas a las cámaras de televisión ese es el límite de su guayaquileñismo  y ese es el real significado de su postura frente a la ciudad y sus problemas.

La disposición del MIDUVI de renegociar el contrato con Interagua  nace de un examen de la Contraloría General del Estado, que revela  que hay cobro excesivo a los usuarios de los barrios populares por el servicio de agua potable, que hay una tarifa promedio también excesiva  debido a que dos tercios del agua de la ciudad no se factura y se recargan irresponsablemente en la tarifa, que solamente se tratan el 11% de las aguas servidas de la ciudad que son descargadas directamente en el Rio Guayas y en el Estero Salado generando contaminación e insalubridad, que los planes de inversión en la ampliación del sistema de agua potable y las redes de distribución no se han cumplido y que el servicio que brinda Interagua  adolece de serias deficiencias, sino recordemos las denuncias de contenidos de coleiformes fecales en las redes de agua potable en algunos barrios populares y en escuelas fiscales que generaron un brote de epidemias el año pasado.

Por último, si hay conflictos entre Ecapag e Interagua, el contrato establece la vía del arbitraje internacional.

Interagua en los ocho años de concesión facturó  mas de $ 750 millones de dólares, indudablemente un importante negocio a costa de la salud de los guayaquileños, pero el fracaso de Interagua es el signo de los tiempos,  es un símbolo que se alinea junto al fracaso de Vachagnon, al fracaso de Puerto Santa Ana , a la falta de perspectivas de desarrollo urbano y social, a la acumulación de pobreza y de inseguridad, es el cansancio y el agotamiento de un modelo de administración municipal que nació y murió con el Malecón 2000, que se basa en la privatización de los servicios, en la ausencia de planificación estratégica para el crecimiento urbano, no hay ninguna direccionalidad ni horizonte mediato, todo nace de las iniciativas de la  inversión privada y de las expectativas individuales, es el mercado el gran asignador de recursos en el pensamiento neoliberal y estos son los resultados de un servicio público privatizado: tarifas altas privilegiando la rentabilidad del capital, inequidad en el pliego tarifario y por último, ineficiencia y falta de inversión.

El fracaso de Intergua no es un hecho aislado, es que el presente y el futuro de la ciudad están llenos de incertidumbre, pese a los ingentes ingresos que ha tenido el Municipio por cerca de dos décadas vía transferencias desde el presupuesto del Estado y que han sido canalizados generosa e impúdicamente a través de fundaciones privadas, los problemas de la ciudad están latentes, los barrios marginales amenazan ser tierra de nadie al estilo de las favelas brasileñas, sin ninguna alternativa salvo el resurgimiento de las pandillas juveniles, cada invierno desnuda la ciudad en sus flaquezas y en sus dolencias, la pobreza y la inseguridad se instalan oficialmente a espaldas del casco regenerado para los turistas que nos visitan, son dos ciudades, dos mundos sobrepuestos.

El desafío de los guayaquileños es dejar atrás el pasado y construir la ciudad que merecemos,  hoy vivimos tiempos de esperanza y de cambio, la Constitución en su artículo 247 permite la creación de gobiernos autónomos y descentralizados mediante la creación de los distritos metropolitanos, gobiernos que pueden ejercer competencias concurrentes no solo en educación, salud y vivienda, sino también sobre materias como política tributaria, aduanera y arancelaria que permitan construir sueños, establecer estrategias de mediano y largo plazo para el desarrollo local y regional.

Guayaquil corre el riesgo de ver diluir sus ventajas comparativas como puerto, como centro económico y financiero, una muestra de ello es el Puerto Marítimo que cada día pierde mas terreno frente a los muelles privados por la indolencia y el desinterés de las autoridades locales,  pero Guayaquil también puede resurgir, puede acogerse a las alternativas de descentralización o buscar una fórmula de regionalización que abra el cauce para el desarrollo de sus propias potencialidades, definir y buscar las competencias necesarias que nos lleven al desarrollo económico y social, estamos en el centro operativo de la zona agrícola mas importante del País, que nos lleven al aprovechamiento de la Cuenca del Guayas, al desarrollo del gas en el Golfo, que nos permitan construir el futuro y recuperar la ciudad para el buen vivir, para la cultura, para la educación y para el progreso.


Una respuesta a Un fracaso más