Reflexiones sobre el impacto socioeconómico del covid-19 en ecuador

Por Betty Silva Gavidia

Mientras la pandemia del Covid-19 acelera su propagación a nivel mundial, las cifras en Ecuador crecen rápidamente, hasta el punto de convertirse en el segundo país sudamericano en registros oficiales de contagiados y muertes, después de Brasil. A pesar del endurecimiento progresivo de las medidas de restricción, la demanda hospitalaria creció drásticamente que incluso dio señales de sobrepasar la capacidad de atención de la red de salud pública y privada.

Si bien, la crisis sanitaria genera mucha incertidumbre sobre el tiempo de permanencia del confinamiento y el retorno paulatino a las actividades cotidianas, comienza a evidenciarse el impacto socioeconómico de esta pandemia. Para este año, se avizora una fuerte contracción económica con efectos negativos profundos en el empleo formal e informal, consumo, cartera vencida y nivel de liquidez; y en lo social, un incremento significativo de la pobreza y deterioro de la calidad de vida de un buen segmento de la población.

Algunas secuelas de esta crisis ya son visibles, se han comenzado a generar despidos de trabajadores, postergación de pagos de salarios, dificultades para cumplir con créditos, pagos de servicios básicos, alquileres, etc., a esto se suma, el incremento en el nivel de precios de víveres, medicinas, insumos médicos y hasta en los servicios exequiales, en parte por la escasez y también por la especulación.

En medio de las dificultades actuales que enfrenta gran parte de la población, las medidas recientemente anunciadas por el gobierno no contribuyen significativamente a mejorar este panorama, demuestran una vez más la necesidad urgente de liquidez, y de un acuerdo político para concretar su aprobación legislativa, por lo que se deberá esperar un par de semanas para saber si entran en vigencia, y luego verificar si cumplió su objetivo.

En este contexto de respuestas gubernamentales centradas en lo urgente, continúa pendiente el análisis de la poscrisis sanitaria y por ende la ansiada reactivación productiva. Temas que no se pueden perderse de vista, porque una vez que se logre aplanar la curva de registros de contagios, será prioritario ir definiendo una ruta para reactivar la economía y mejorar la calidad de vida de la población, sin que quede espacio para la improvisación. Para ello, se deberá contar con un plan integral de reactivación productiva y por ende de generación de empleo, considerando las particularidades de cada sector, a fin de que se puedan establecer los incentivos necesarios para aquellos sectores prioritarios que se vieron más afectados por la crisis.

Pero, será importante también sacar algunas lecciones de esta coyuntura, quizá sea el momento de volver la mirada hacia las bondades de un sistema económico social y solidario, donde se priorice el bien común; la importancia de contar con un sistema sanitario más inclusivo, mayor asignación de recursos públicos al área de la salud, y un fondo contingente para enfrentar efectos adversos no previstos. Será también el momento de exigir más transparencia en el manejo de los recursos públicos, que debería incluso considerarse como un indicador de gestión de cada autoridad, y a su vez un requisito para participar como candidatos en futuras elecciones.

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