Poder popular

Tomado de El Telégrafo

PADRE PEDRO PIERRE
pedro.pierre@telegrafo.com.ec

El verdadero significado de democracia es poder popular. Siempre hemos sido acostumbrados a que nos gobiernen desde arriba, cuando la democracia es gobernar desde abajo. Pienso que ese es el desafío del Ecuador en estos momentos: aprender a gobernarnos desde abajo, desde los distintos grupos sociales organizados. Ese es el proceso que están llevando tanto los indígenas como los maestros y profesores. Ya no se acepta que otros hagan las cosas que nos competen o se decida sobre asuntos que nos conciernen sin consultarnos, escucharnos y respetarnos.

Cada vez más nos damos cuenta de que el Presidente tiene buenas intenciones, pero también nadie lo ha delegado para resolver solito todos los problemas del país. Un país se construye con todos los actores, con preferencia a los sectores pobres. Hoy muchos de estos actores están organizados y hacen propuestas constructivas y sólidas. Si hay oposición al Gobierno, es porque se quiere cambios más profundos. Pues, hay otro tipo de desarrollo posible diferente de aquel que propone el Gobierno, más justo y equitativo que incluya a todos los sectores, en particular los más desfavorecidos. Por eso, en vez de desprestigiar, dividir y destruir a las organizaciones populares, el Gobierno debe fortalecerlas y hacer alianza con ellas, porque son estos movimientos indígenas y sociales, junto con los partidos de izquierda, los que lo han llevado a la presidencia.

La propuesta de revolución ciudadana se queda en una ciudadanía individualista donde cada uno busca que sus pequeños o grandes problemas sean resueltos por el Gobierno. Es cierto que la revolución ciudadana crea conciencia individual de los derechos que tenemos, pero necesita ir más allá de los intereses personales. La revolución que queremos se ubica dentro de unas necesidades colectivas más grandes que tienen que solucionarse mediante las organizaciones populares, el movimiento indígena y los partidos políticos de izquierda. La ciudadanía es un medio para la organización y el protagonismo de los ciudadanos.

Eso es construir el poder popular, la verdadera democracia. Sin organización, no hay protagonismo y, en definitiva, no hay ciudadanía. Sólo con un protagonismo comunitario, iremos abriendo unos caminos de cambios que beneficien a todas y todos los ecuatorianos.

Ya en 1968, los obispos latinoamericanos reunidos en Medellín lo decían: “La tarea de educación de estos hermanos nuestros –los marginados de toda clase– no consiste propiamente en incorporarlos a las estructuras culturales que existen en torno de ellos, y que pueden ser también opresoras, sino en algo mucho más profundo. Consiste en capacitarlos para que ellos mismos, como autores de su propio progreso, desarrollen de una manera creativa y original un mundo cultural, acorde con su propia riqueza y que sea fruto de sus propios esfuerzos. Especialmente en el caso de los indígenas se han de respetar los valores propios de su cultura, sin excluir el diálogo creador con otras culturas”.

Tenemos todavía por delante muchas y largas luchas, pero lo importante es que ya hemos comenzado.

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