Día Internacional de los que generan riqueza

Por Víctor Argoti D.

Piden los gremios empresariales, que vuelvan a laborar sus empleados, claman por un salvavidas a la economía, no son suficientes los “estímulos fiscales” recibidos permanentemente (nunca son suficientes para la reactivación económica, desde que tenemos memoria). Pero su discurso de ahora se enfrenta con el de siempre: Sus edificios siguen ahí, sus maquinarias siguen donde las dejaron antes de la declaratoria de emergencia, sus materiales e inventarios reposan en sus bodegas; es decir el “CAPITAL” del sector empresarial parece intacto, ¿por qué no están generando la riqueza que tanto necesitamos como país?

Resulta que solo les falta el elemento fundamental, sin el que no sirve nada de lo demás (aquí hablamos de las empresas del denominado sector real, excluyendo al ramo financiero especulativo, por ser harina totalmente de otro costal). Ni sus edificios, ni las maquinarias, ni los materiales pueden generar riqueza sin la incorporación del TRABAJO llevado a cabo por las y los Trabajadores ecuatorianos. Queda en evidencia una de las mentiras más repetidas del modelo económico, que son los empresarios e inversionistas con su capital los que generan valor y riqueza en la sociedad; el COVID-19 lo ha dejado meridianamente aclarado. Sin Trabajadoras y trabajadores, el capital es totalmente inútil.

En nuestro país, la situación general de los trabajadores depende de ¿a quién se le pregunte?. Los representantes patronales llevan años gritando que un sueldo básico unificado es demasiado caro; pagarle $400 como mínimo a una persona para que le genere riqueza les resta competitividad, aquí nomas los países vecinos pagan menos. Si se le pregunta al que trabaja ese sueldo mínimo, inmediatamente nos recuerda que la canasta básica supera los $700, esto hablando de los trabajadores en relación de dependencia. La situación para una muy amplia cantidad de nuestra gente es otra: el subempleo, el trabajo informal o el desempleo.

En todas las alternativas de empleo que da el modelo económico actual (empleo adecuado, subempleo, informalidad o desempleo) se trabaja bastante, solo en una de ellas se respeta básicamente sus Derechos Humanos. Al sumarle la pandemia del Coronavirus a esta situación, las palabras distanciamiento social parecen una burla sádica, pues socialmente ya estamos bastantes separados. Muchas guayaquileñas y guayaquileños llevan mes y medio decidiendo si resguardan su salud del virus o se aventuran a buscar sustento en el mercado informal que conocen; y así tanto insigne indolente con la realidad criolla ha tachado de INDISCIPLINA CIUDADANA a nuestra innata pasión por no morirnos de hambre.

Para cerrar con broche de oro, este ramillete de consideraciones hacia los que generan la riqueza; la ciudadanía ha conocido mediante flamantes Resoluciones públicas que el Coronavirus no se considerará un accidente laboral o una enfermedad profesional; así nomás.
Es decir que los trabajadores y trabajadoras que retomen sus actividades y posiblemente se contagien, no podrían contar directamente con ese reconocimiento y las compensaciones de ley correspondientes. Tal rechazo inmediato produjo la primera Resolución, que debió modificarse a toda velocidad, incorporando tenues excepciones donde se percibe que el riesgo final lo asumen las y los trabajadores. Así protege este modelo económico y social a las y los que generan la riqueza.

Mucho para conmemorar este 1o de Mayo, vidas y conquistas laborales de un mundo moderno, con el necesario aprendizaje de esta tragedia y la firme convicción de que volveremos para transformar nuevamente la realidad, eso sí lo podemos atesorar.

Oiremos las más diversas y claras Voces de Guayaquil.