Desde la ternura, homenaje al Che Guevara

El 8 de octubre conmemoramos en todo el mundo el Día del Guerrillero Heroico. Con esta conmemoración honramos la memoria del Comandante Ernesto Che Guevara, cobardemente asesinado en Camiri, Bolivia, luego de haber sido capturado herido en combate.

Hombre inmenso, ejemplo vivo y triunfante del hombre nuevo que ha de construir una sociedad de hermanos, alegre, fraterna y solidaria; hombre inmenso, que refleja en cada uno de sus actos el infinito amor que anima a todo revolucionario.

Este homenaje, desde la ternura, pretende presentar la faceta menos conocida del Che: su ternura como hombre enamorado, como hijo cariñoso y como padre amoroso y preocupado, lo que tenía origen en su profunda convicción de que la revolución es un acto de amor.

Cuando partía a combatir en el Congo, en 1965, le decía a sus hijos, en una de sus cartas más conocidas:

“Si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre Uds.

Casi no se acordarán de mi y los más chiquitos no recordarán nada.

Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones.

Crezcan como buenos revolucionarios. Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza. Acuérdense que la revolución es lo importante y que cada uno de nosotros, solo, no vale nada. Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario.”

Poco antes, en una entrevista con el periodista uruguayo Carlos Quijano del semanario MARCHA, hablaba de su visión sobre la condición de revolucionario que lo animaba y dirigía su vida:

“Déjame decirte, a riesgo de parecer ridículo, que el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor. Es imposible pensar en un revolucionario auténtico sin esta cualidad.

Los dirigentes de la revolución tienen hijos que en sus primeros balbuceos, no aprenden a nombrar al padre; mujeres que deben ser parte del sacrificio general de su vida para llevar la revolución a su destino; el marco de los amigos responde estrictamente al marco de los compañeros de la revolución. No hay vida fuera de ella….

El camino es largo y desconocido en parte: conocemos nuestras limitaciones. Haremos el hombre del siglo XXI; nosotros mismos”

A su hija mayor Hildita, cuando ya estaba en el Congo y se preparaba para iniciar la acción revolucionaria, le decía en una carta cariñosa y orientadora por el día de su cumpleaños:

“Hildita querida

…hay que prepararse, ser muy revolucionaria, que a tu edad quiere decir aprender mucho, lo más posible, y estar siempre lista a apoyar las causas justas. Además, obedece a tu mamá y no creerte de todo antes de tiempo. Ya llegará eso.

Debes luchar por ser de las mejores en la escuela…ya sabes lo que quiere decir: estudio y actitud revolucionaria, vale decir: buena conducta, seriedad, amor a la revolución, compañerismo, etc. Yo no era así cuando tenía tu edad, pero estaba en una sociedad distinta, donde el hombre era el enemigo del hombre. Ahora tú tienes el privilegio de vivir otra época y hay que ser digno de ella.

Bueno vieja, otra vez, que lo pases muy feliz en tu cumpleaños. Dale un abrazo a tu mamá y a Gina, y recibe tú uno grandote y fortísimo que valga por todo el tiempo que no nos veremos juntos, de tu

Papá

Estando en Bolivia, poco antes de iniciar la lucha en la que ofrendó su vida, se dio tiempo para escribirle a sus hijos menores: Aleida, Camilo, Celia y Ernesto, una carta llena de amor, en la que, como siempre, no faltaba la reflexión profunda que denota su permanente apego a los principios que regían su vida

“Mis queridos Aliusha, Camilo, Celita y Tatico:

Ahora quería decirles que los quiero mucho y los recuerdo siempre, junto con mamá, aunque, a los más chiquitos casi los conozco por fotografías porque eran muy pequeñines cuando me fui. Pronto, yo me voy a sacar una foto para que me conozcan como estoy ahora, un poco más viejo y feo.

Aliusha, debes ser bastante estudiosa y ayudar a tu mamá en todo lo que puedas. Acuérdate que eres la mayor.

Tú, Camilo, debes decir menos malas palabras, en la escuela no se puede decirlas y hay que acostumbrarse a usarlas donde se pueda.

Celita, ayuda siempre a tu abuelita en las tareas de la casa y sigue siendo tan simpática como cuando nos despedimos ¿te acuerdas? A que no.

Tatico, tú crece y hazte hombre que después veremos qué se hace. Si hay imperialismo todavía, salimos a pelearlo, si eso se acaba, tú, Camilo y yo podemos irnos de vacaciones a la luna.

Denle un beso de parte mía a los abuelos, a Myriam y su cría, a estela y Carmita y reciban un beso del tamaño de un elefante, de

Papá

A Hildita, otro beso del tamaño de un elefante y díganle que le escribiré pronto, ahora, no me queda tiempo.

Estando en el Congo, recibió la noticia de la muerte de su madre. Entonces, en medio del combate, escribió el relato “La piedra” en el que evocaba a su madre, ”mi vieja”, como la llamaba y con quien le unía amistad y complicidad, profundo cariño y respeto:

“Sólo dos recuerdos pequeños llevé a la lucha; el pañuelo de gasa, de mi mujer y el llavero con la piedra, de mi madre, muy barato, éste, ordinario; la piedra se despegó y la guardé en el bolsillo.

Qué sé yo. De veras, no sé. Sólo sé que tengo una necesidad física de que aparezca mi madre y yo recline mi cabeza en su regazo magro y ella me diga: <mi viejo>, con una ternura seca y plena y sentir en el pelo su mano desmañada, acariciándome a saltos, como un muñeco de cuerda, como si la ternura le saliera por los ojos y la voz, porque los conductores rotos no la hacen llegar a las extremidades. Y las manos se estremecen y palpan más que acarician, pero la ternura resbala por fuera y las rodea y uno se siente tan bien, tan pequeñito y tan fuerte. No es necesario pedirle perdón; ella lo comprende todo; uno lo sabe cuando escucha ese <mi viejo>…

Para terminar por hoy, ya que continuaremos con este homenaje al Che, desde la ternura, reproducimos algunos de los pensamientos que, a los 17 años, anotó en cuadernos amorosamente conservados por su madre:

“El patriotismo ingenuo se limita al horizonte geográfico… La humanidad es la patria del ideal. Cuando se escucha la sola voz del corazón, patria es el terruño; cuando prima el interés político, patria es el Estado; cuando habla el ideal, patria es la humanidad”

“La bondad no es norma sino acción…El que obra bien traza un sendero que muchos pueden seguir; el que dice bien no puede encaminar a otro si obra mal…Ninguna confianza merecen las buenas palabras de los que ejecutan malas acciones…”

“Adoro la vida y, por lo tanto, lo adoro todo, porque todo es vivir, incluso el morir”