DE GUAYAQUIL, EN TIEMPOS DE COVID-19

Víctor Argoti D.

Vivimos un colapso de todas las instituciones para la salud, vulnerándose el derecho a esa misma salud, que deberíamos tener garantizada todas y todos los ciudadanos. Al ser la pandemia del Covid 19 una crisis de proporciones globales, no asistimos a la toma de medidas en esas dimensiones; evidenciamos los organismos internacionales ampliamente sobrepasados también. Era tan necesaria la integración efectiva de la región y del mundo: en ciencia, salud y protección social mucho más allá de la integración comercial a ultranza, esa que defienden los analistas económicos del statu quo (primera lección aprendida).

La inversión en protección social, y en salud de la población, nunca debió considerarse obesidad del Estado. Necesitamos un sistema de salud robusto en infraestructura, capacidad profesional y recursos de inmediata disposición. Jamás debieron despedirse profesionales de la salud, achicar el estado, ni terminar relaciones internacionales de cooperación en materia de salud con países de nuestra propia región y de tanto provecho para nosotros (segunda lección dolorosamente aprendida).

Al mismo tiempo de los sistemas de salud, ha fallado el sistema económico y todas las formas de protección social, en un momento en que tanto el Ecuador como muchos países de la región y el mundo, caminan por el viejo sendero del neoliberalismo que tanto daño nos ha hecho en el pasado reciente. El colapso de las economías y la protección social de los estados, simultáneamente, desemboca en crisis de gobernanza; reflejo de un ROTUNDO FRACASO DEL MODELO (Desinversión pública + Sacrificios colectivos en beneficio del capital externo = Muerte y desolación; tercera lección aprendida).

Nuestra Guayaquil, nuestra casa grande, se encuentra postrada frente al espejo y encontrándose sin hipocresías con la dura realidad de la desatención y la indolencia; de quienes solo han garantizado sus mezquinos intereses económicos. Sin posibilidad de ir al bello Malecón, sin posibilidad de contemplar la pileta de agua saltarina, con sus decenas de Malls a medio funcionar, con su premiado aeropuerto sin poder llevar y traer pasajeros. Pero con su gente sufriendo la desigualdad de la separación social, que es la misma desigualdad que oculta el maquillaje de adoquines y fundaciones. Aquel anacrónico “Modelo Exitoso” el defendido con camionetas bloqueando el puente de la Unidad Nacional, bloqueando las pistas del aeropuerto y en otros años con Marchas Blancas, se evidencia de cuerpo entero; solo era un modelo para el círculo de amigotes y ni a ellos los pudo cuidar. El Covid 19 se ha llevado a quienes podían costear clínicas privadas de facturas impagables y a los que no pudieron conseguir un tanque de oxígeno para tratarse la afección. (El cínico “Modelo Exitoso” de Guayaquil, siempre fue una burda mentira contra la mayoría de las y los guayaquileños; cuarta lección aprendida).

Nos quedamos en casa, SI (los que podemos) y ¿Qué más?, pasan las semanas y no es suficiente. En casi todos los países de nuestra región hay más recuperados que fallecidos, en los países más golpeados del mundo son muchísimos más los recuperados que los fallecidos; mientras acá nos hablaron sin desparpajo de una FOSA COMÚN como gran solución a las muertes, y después nos enteramos de una generosa donación, por la empresa privada, de Ataúdes de Cartón Prensado, nuevamente como importante solución a la incómoda realidad de nuestros fallecidos; cual si lo importante fuera solo alejar los cadáveres de la vista como sea, aunque sea en cajas de cartón. ¿Cuándo se empezará a actuar para evitar las muertes y no solo para ocultarlas de las redes sociales?. (De este horror se sale protegiendo la salud y vidas de nuestra gente, no escondiendo las muertes…y ahora en cartón; primera lección por aprender).

Oiremos las más diversas y claras Voces de Guayaquil.