Coyuntura

Tomado de El Telégrafo

Pablo Ospina
pablo.ospina@telegrafo.com.ec

Pocos momentos como el actual han reclamado un giro en la actitud gubernamental. Todas las señales obligan a un replanteamiento de las estrategias y las alianzas políticas de la revolución ciudadana. ¿En qué sentido será? ¿Habrá tal giro? La situación no es todavía totalmente crítica, pero pronto lo será si seguimos el mismo sendero trillado que tan bien resume el título de aquella vieja serie de televisión de mi infancia: “dos contra el mundo”.

A su costado derecho, el culebrón interminable de denuncias, contra denuncias, implicaciones en sobornos, acusaciones de corrupción y contratos fraudulentos, amenaza con seguir profundizándose. Varios de los más cercanos colaboradores del Presidente, sus “hombres fuertes”, se encuentran enfrascados en una lucha cuerpo a cuerpo sobre los negocios, ciertos o inventados, que las posiciones de altos funcionarios vuelven posibles. Como el propio hermano del Presidente es un protagonista básico del drama del momento, los golpes llueven hasta lo más alto del escenario de la derecha gubernamental. No toda ella está involucrada, pero sí sus representantes más visibles.


A su costado izquierdo, en cambio, el Gobierno mantiene una relación tensa con los movimientos sociales y los gremios más importantes de trabajadores. A cuento de eliminar “privilegios”, las propuestas de ley regresan al Estado una amplia discrecionalidad en el despido de trabajadores del sector público y amenazan derechos básicos. Aunque hubo acuerdos “con las uñas” con maestros e indígenas, el Presidente muestra pocos cambios de actitud.

Con las universidades la situación es lamentable. Impedir las manifestaciones pacíficas de estudiantes, profesores y trabajadores universitarios por medios innobles no es propio de un Gobierno de izquierda. Solo con el objetivo de impedir la marcha del miércoles pasado el Presidente se reunió con los rectores, desmintiendo con sus actos lo que constantemente dice con palabras: que no acepta las presiones en las calles. Solo por esa presión se sienta en la mesa a negociar (no a “socializar” decisiones tomadas, sino a negociar propuestas). La política, como muy bien sabe el Presidente, no es un asunto de argumentos racionales. Es un asunto de fuerza social. Impedir las marchas y las luchas en las calles busca impedir una de las formas de expresión de la fuerza social necesaria para una verdadera negociación política. Por instinto lo sabe cualquiera: las conquistas sociales no son alegres regalos de gobiernos bondadosos, sino el resultado de conflictos en medio de los cuales se construye la fuerza social para sostenerlas.

Sigue el péndulo acostumbrado. Por un lado medidas económicas que buscan eludir las viejas recetas neoliberales para combatir el desempleo, junto a anuncios saludables de una política agraria alternativa (¡al fin!); por otro, la reiteración de la obsesión minera que solo parece haberse rasguñado ligeramente al ver el desastre de Huanuni en Bolivia. Esa no es una vía de desarrollo. Será solo la eterna repetición del mismo fracaso. Pero se acaba el tiempo. La coyuntura se vuelve insostenible y hay que elegir.

2 Responses to Coyuntura