Acerca de Garroteros y Tirapiedras

Para el homo sapiens no fue fácil pasar del estado salvaje a la civilización. Dotado ya de todo un potencial intelectual que lo diferenciaba de todas las demás bestias, era conciente de estar en desventaja en un medio natural donde los depredadores lo superaban en fuerza, agilidad y desarrollo sensorial.

Este tránsito doloroso hacia la cúspide de mayor depredador del planeta y al dominio de la naturaleza para su provecho, solo fue posible por la observación,  la reflexión, y el ensayo-error.

Desprovisto de las características de las fieras que cazaban en solitario, osos y felinos principalmente, pudo darse cuenta del exitoso desempeño de depredadores menores, hienas y lobos, capaces de capturar presas que lo superaban ampliamente en peso y velocidad a través del esfuerzo colectivo, de una estrategia de caza y técnicas de aislamiento, cerco y ataque.

El esfuerzo en equipo, esto es, la  vida en grupos y la socialización del trabajo fue el gran salto que marcó la diferencia.

Sin embargo, y a diferencia de estos cazadores, el hombre no tenía ni las garras ni la dentadura apropiada para dar el golpe final sobre la presa.

Pero tenía ingenio, producto de su cerebro más desarrollado, tenía una visión estereoscópica que le permitía ver en tres dimensiones y calcular las distancias y tenía un par de miembros, sus manos, con una estructura anatómica  capaz de permitir la manipulación y elaboración de herramientas.

Es muy posible que el primer objeto utilizado por los humanos, haya sido una simple rama. Inicialmente usado con fines defensivos para mantener a distancia a las fieras, el objeto se convertiría así en una extensión de su cuerpo, en algo que aumentaba la longitud de sus brazos y el volumen corporal. Con ramas de madera dura y pesada inventó el garrote, el primer salto tecnológico en la larga marcha de la humanidad. Surgió así el primer objeto de elaboración humana al que podríamos llamar un arma. Pero esta arma tenía la limitación de que solo era tal en la medida de ser prolongación del cuerpo, de estar adherida a la mano.

Observando y pensando pudo advertir que la rama o el palo podían imitar los órganos de caza de ciertas especies. Bastada de que tenga filo, de que uno de sus extremos tenga punta para que parezca el pico de ciertas aves que pescaban a las orillas de los ríos. Esta nueva herramienta no necesitaba ser contundente y pesada, al contrario, mientras más liviana mejor y tenía la ventaja frente al garrote que podía usarse a distancia, sin la proximidad física de las terroríficas fieras, solo bastaba una punta hiriente y penetrante en el tejido corporal. Acababa de inventarse el arpón y  la lanza.

El siguiente avance tendría que ver con el tipo de madera a confeccionar estos objetos, buscando resistencia y flexibilidad, la forma, sección y tamaño para lograr mayores alcances y las técnicas para arrojarlos para mayor precisión.

Estas nuevas armas permitían una mayor eficiencia a la hora de la defensa, de la caza y la pesca.

Ubicados en el período en que los historiadores modernos han denominado el Paleolítico el hombre descubre las virtudes de la piedra. Abundante en la naturaleza, descubrirá en los lechos de los ríos, piedras redondeadas de diferente tamaño con las cuales y mediante la energía de sus brazos podrían ser arrojadas a diferentes distancias en función del peso de las mismas. Esto le permitiría cazar aves, reptiles y mamíferos menores, tumbar los frutos de árboles frondosos y además mediante el concurso coordinado mantener a distancias a los depredadores. Esta etapa de tirapiedras es otro salto importante en el desarrollo humano.

(Muchos milenios después un muchacho tirapiedras, pasaría a la historia y se convertiría en rey de Israel: David.)

Caminado con sus pies desnudos, reflexionaría si era posible que las heridas sangrantes que sufrían sus pies por el filo de ciertas piedras de fracturación reciente, podría ser provechosa en la confección de herramientas de corte. Los primeros cuchillos, útiles para separar las pieles de la carne de sus víctimas y despresar a los animales, fueron sin mayor elaboración, toscos y tal como se encontraban en los lechos rocosos. Pasaría muchas generaciones antes de descubrir que el filo cortante podría elaborase, que era posible tallar las piedras no solo para conferirle un filo conveniente, sino también para darle una forma que pueda complementarse a sus inventos anteriores: el garrote y la lanza de madera.

Producto de estos descubrimientos el hombre se pudo abastecer de nuevas herramientas: el hacha, la flecha y la lanza de puntas de piedras. De aquí en adelante la supervivencia de los grupos humanos, especialmente frente a las fieras que lo depredaban, comenzó a depender solo del esfuerzo, del trabajo colectivo y de la creatividad del hombre.

Hasta aquí la historia, o mejor dicho la prehistoria.

¿A qué viene todo este cuento?

En diferentes ocasiones el Presidente Correa ha criticado duramente a lo que él ha denominado garroteros y tirapiedras. La primera vez que oí la expresión, no fue en boca de Correa  sino de uno de sus cercanos colaboradores, lo que me hace pensar que es un término no original del Presidente y surgido de ciertos círculos de poder.

En Abril del 2008, y a insistencia de un gran amigo que estaba en la Gerencia del Fondo de Solidaridad, acepté participar en el Directorio de Hidropastaza, empresa privada propiedad del dicho Fondo que enfrentaba la situación crítica de ver al descubierto la pésima calidad de la construcción de la Central San Francisco por parte de una transnacional brasilera en contubernio con funcionarios nacionales. Como no podía ser de otra manera, fuimos y destapamos esa olla de grillos y pusimos al descubierto un historial de atracos, estafas y perjuicios al país. Ante la negativa de la empresa constructora de asumir sus responsabilidades, el Directorio tomó medidas para cuantificar el perjuicio. La más importante, vaciar el túnel de conducción que puso al descubierto el pésimo trabajo por la falta de revestimiento tanto del túnel como de la chimenea de equilibrio, que provocó daños en la turbina Nº 2 y en los sistemas electromecánicos, con apenas seis mil horas de operación. La conclusión de los peritos fue que la obra no fue terminada. Como consecuencia de nuestra presencia, se configuró un cuadro revelador de la mala fe con que había actuado la constructora, argumentos que originó la decisión del Presidente de expulsar a esta empresa del país. Días antes a esta decisión presidencial, en una reunión que mantuviera con el Gerente y Presidente del Fondo de Solidaridad, éste último, indignado y fuera de sí, manifestó que me había puesto en el Directorio para una buena administración de la empresa y no para crear problemas y que mi conducta había sido de un tirapiedras secundario y extremista. Luego de ratificarme en mis actos y dejar en sus manos mi continuación en el Directorio, a los quince días de aquello presenté mi renuncia irrevocable, más que todo por la prohibición terminante de informar a la ciudadanía de lo que estaba pasando en dicha empresa.

Esta fue la primera vez, que escuché de un funcionario del régimen, el término de tirapiedras.

¿Cuál es la bronca contra los tirapiedras?

¿Es tan malo haber sido tirapiedras? ¿Contra quienes tiramos las piedras?

Mi primera experiencia como tirapiedras, se dio allá por año 1965 cuando ingresé al tercer curso del Vicente Rocafuerte. Proveniente de un colegio de curas franciscanos en donde fui por muchos años el mejor estudiante, descubrí un mundo nuevo en mi calidad de estudiante fiscal. Entonces, el país entero y Guayaquil luchaban contra la dictadura militar encabezada por el Almirante Castro Jijón. La mayoría de los profesores del Colegio eran abiertamente anti- dictadura y salíamos a diario a grandes manifestaciones en defensa de la democracia. Claro que entonces esa palabrita no tenía mayor significado para mí. A mis trece años, salir en manifestación, a más de no tener clases, era una experiencia única y excitante. Me sentía parte de la historia (al menos eso nos decían los profesores: “la juventud no debe contemplar la historia, debe hacerla”). Si me ubicaba convenientemente podía estar cerca de personas que solo había visto en los periódicos y que resultaban de carne y hueso, que lloraban con los gases igual que yo. Pude aprender técnicas de evasión, a escoger los zaguanes y casas seguras donde refugiarme, a eludir las bombas lacrimógenas, a devolverlas con estilo de indoor fútbol, a socorrer a los compañeros afectados, a eludir los toletazos. Cada mañana y antes de salir a una nueva manifestación, cada uno contaba sus experiencias y recibíamos las instrucciones para la nueva jornada. Quién las daba y por qué las daba, entonces no me importaba. Era ya parte de la historia.

En aquel entonces, uno de los triunviros, Comandante de la Fuerza Aérea, tenía en propiedad un edificio de varios pisos, con ventanales de vidrio a pocas cuadras del colegio, sobre la calle Vélez. El edificio tenía un fuerte reguardo militar y no se nos permitía caminar al pié del edificio, sino por la acera opuesta. Los dirigentes estudiantiles del colegio, de años superiores, se inventaron una prueba de iniciación. La prueba consistía en arrojar una piedra contra ese edificio. Un macetero tenía un valor, una ventana otro mayor. Era casi un deporte. Los muchachos se anotaban y los dirigentes designaban testigos para calificar la proeza. A la hora señalada, de manera disimulada nos parábamos en las esquinas o caminábamos despacio para contemplar la prueba. Luego, el zafarrancho, disparos, bombas, persecuciones de agentes de civil, rescate de los detenidos y luego al sitio previamente acordado para la nueva manifestación.

A los pocos meses, cayó la Junta Militar y se inició el interinazgo de Clemente Yerovi.

¿Toda esa gente que luchó contra la dictadura militar, y que no disponía de otra cosa que una herramienta de la edad de piedra para oponerse a tanques y fusiles, estaba equivocada?

En Junio de 1970, el entonces Presidente Constitucional de la República Dr. José María Velasco Ibarra, se declara dictador, aduciendo la insuficiencia de las leyes para gobernar. (¿Dónde he escuchado este argumento?).

En esos días, estaba matriculado en primer año de Ingeniería Industrial en la Universidad de Guayaquil.

El pueblo y los estudiantes se lanzan a las calles a repudiar la dictadura. El gobierno reacciona y clausura en Junio de 1970 la Universidad, hecho que duraría más de un año. La dictadura velasquista, reprime a las organizaciones sociales e inaugura una década de gobiernos dictatoriales, con un saldo de centenares de muertos y desaparecidos. El Presidente de la Asociación Escuela de Derecho de la Universidad de Guayaquil, el Lic. Rafael Brito, aparece ensacado en la Chocolatera de Salinas, devuelto por un mar que no quería que este crimen quede sin ser develado. El Presidente de la FEUE de Quito, Milton Reyes aparece asesinado en una zanja luego de ser apresado por agentes del gobierno. Se asesina a dirigentes obreros y campesinos.

¿Era lícito tirarle piedras a esta dictadura criminal? ¿Es que, si hubiéramos tenido otras cosas, no era igual de lícito  usarlas?

El 15 de Febrero de 1972, es derrocado Velasco, y asume el poder el general Guillermo Rodríguez Lara, el bombita para más señas.

Con un lenguaje nacionalista y revolucionario, esta dictadura cautivó a más de un despistado de la izquierda, que se apuntaron en asesorías, Ministerios y otros cargos.

Con inmensos recursos provenientes de la iniciada explotación del petróleo, el gobierno militar emprende una serie de obras que sacaron al país del atraso. La falta de espíritu democrático y la represión, permiten calificar este gobierno como desarrollista y despótico.

Para reprimir a las organizaciones populares, el gobierno crea, financia y auspicia bandas paramilitares, encargadas de hacer el trabajo sucio, perseguir y asesinar a los dirigentes que se oponían a la dictadura.

En este período, hay una experiencia que vale recordar.

El Obispo de Riobamba, Monseñor Leonidas Proaño, es apresado por orden de la dictadura junto a otros sacerdotes y civiles que participaban en una reunión pastoral y de análisis de los problemas latinoamericanos.

Ya entonces estudiantes de la ESPOL, habíamos tenidos contactos con la diócesis de Riobamba y algunos compañeros habían visitado Santa Cruz y conocido de cerca la labor de este Obispo con los indígenas del Chimborazo. Como Federación de Estudiantes y luego de una Asamblea, decidimos, apoyar al Monseñor Proaño, exigir su libertad y entregar en la Gobernación el oficio respectivo. Salimos en manifestación pacífica desde nuestro local, de Rocafuerte y Loja en dirección a  la Gobernación. A la altura de la calle Urdaneta la policía nos dio la orden de disolvernos. Los estudiantes decidimos avanzar, rompimos el cerco y se inicio una represión brutal que produjo heridos y una docena de detenidos. ¿Cómo defendernos de la represión policial? Los libros de cálculo eran gruesos, pero poco efectivos. Por primera vez, en toda su historia, los estudiantes politécnicos estaban en las calles luchando contra la represión.

¿Era lícito usar la herramienta del paleolítico para defendernos de la bala, el tolete y las bombas lacrimógenas, de un gobierno despótico, antidemocrático y antipopular?

Luego de su liberación, el Obispo Proaño, concurrió al Aula Magna de la Politécnica invitado por la Federación de Estudiantes a agradecer la solidaridad, en su primera aparición pública, y a pesar de la prohibición del entonces Arzobispo de Guayaquil, Bernardino Echeverría.

Hasta ahí la Historia o una parte de ella.

En épocas más reciente, ¿la salida de presidentes corruptos como Bucaram, Mahahuad o Lucio hubiera sido posible sin los descalificados tirapiedras?

En estos días, la prensa internacional nos informa y los dirigentes mundiales se rasgan las vestiduras frente a los acontecimientos de Túnez, Yemen y Egipto, en donde gobiernos antidemocráticos, criminales y corruptos se ven repudiados por sus respectivos pueblos. ¿Son terroristas estos pueblos por hacer lo que están haciendo: reconquistar sus libertades?

¿No tienen  acaso estos tirapiedras el legítimo derecho de luchar contra estos déspotas y usurpadores, quienes los han sumido en el atraso y pobreza más espantosos?

¿Cuál es la bronca contra los que alguna vez en su vida, dejando la comodidad de sus hogares salieron a tirarle piedras a los dictadores arriesgando su vida y su futuro?

Como hemos visto, las masas oprimidas solo tienen acceso a objetos de la edad de piedra, para luchar contra tanques, miras láser, gases vomitivos, cañones sónicos y contra todo el aparato represivo provisto de tecnologías de punta y sofisticados y modernos armamentos.

¿Por qué entonces esa obsesión contra los tirapiedras? ¿No es acaso una lucha desigual que dejaría de serlo, si en vez de piedras otros dispositivos tuvieran en las manos?

¿Por qué calificar de terroristas a indígenas que protestan con sus lanzas de chontaduro propias de la prehistoria?

Creo que en fondo hay una especie de vergüenza propia y ajena, de algunos individuos embarcados a última hora en una revolución que ni la sienten ni la entienden.

Qué tristeza llamarse revolucionario y nunca haberle lanzado ni siquiera una piedra a los enemigos del pueblo, a los explotadores y los responsables de su miseria y atraso.

Qué vergüenza para algunos de los hoy entusiastas de la Revolución Ciudadana, no haber abandonado nunca la comodidad de sus hogares burgueses y haberse involucrado en la luchas populares.

Qué decepcionante la actitud de la mayoría de dirigentes de la Revolución Ciudadana, atrincherados en las gobernaciones, viendo los sucesos por televisión e incapaces de movilizar al pueblo en defensa de su Presidente. ¿Cómo y para qué llamar a las masas, si nunca has tenido una experiencia mínima de lucha callejera? ¿Como dirigir a un pueblo si nunca han sido ni dirigentes de curso? ¿Cómo pedirle a las masas que no se armen….de piedras por supuesto, si este es el único recurso contra la bala, los gases y la brutalidad de las fuerzas del orden?

Todas estas luchas populares, por pequeñas que sean, son necesarias. Representan el cambio cuantitativo, que dialécticamente se sumarán hasta lograr el cambio cualitativo soñado. Sin ellos, nunca se hubieran dado las grandes revoluciones que transformaron el mundo. La revolución francesa, la revolución cubana, las guerras de independencias, la revolución liberal, el Mayo Francés, y otras que no menciono, no hubiesen sido posible sin los tirapiedras que señalaron el camino de la libertad y la justicia.

Muchos de los grandes líderes históricos de la humanidad, comenzaron de luchadores callejeros contra las fuerzas de la opresión. Fidel Castro cuando Presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios de Cuba, organizó y encabezó jornadas de protesta contra la dictadura de Batista. Evo Morales como dirigente indígena y cocalero estuvo en las calles luchando por su pueblo, Nelson Mandela como presidente del Congreso Nacional Africano encabezó la lucha contra el racismo y el apartheid desde las calles de Sudáfrica. Lula da Silva como dirigente de los trabajadores del Brasil, dirigió huelgas y manifestaciones, sufriendo persecución y cárcel por ello ¿Los condenaremos por tirapiedras?

Montalvo sentenció: “desdichados los pueblos, donde la juventud no haga temblar al tirano”.

A la Revolución Ciudadana le falta contenido de clase. El término “ciudadano” permite diluir y disfrazar las contradicciones de clase, y pone en plano de aparente  igualdad al explotador y al explotado, con tal de estar bajo la misma bandera. A la Revolución Ciudadana le falta aceptar que sin un pueblo organizado no tiene futuro. Necesita entender que sin democracia interna jamás podremos crear una democracia externa, de plenos derechos y plena participación ciudadana.

Con afecto revolucionario y en nombre de todos los que tiramos alguna piedra contra la injusticia, la opresión y por los derechos de nuestro pueblo, le solicito al señor Presidente: MÁS RESPETO.

Una respuesta a Acerca de Garroteros y Tirapiedras
  1. Luis

    No todos los tirapiedras ni los garroteros son sinónimos de buena justicia. En ciertas religiones aún hoy matan a pedradas a mujeres por delitos por que los hombres se ufanan. Mas cerca, vemos casi a diario a ciertos garroteros que reprimen a personas por el delito de vender pequeñas cosas para no morir de hambre o pasar a la delincuencia. Pero, es tiempo de mejorar el tipo de piedras. Recientemente, en Egipto las piedras fueron mensajes a travez de las redes sociales de comunicación. Concluyo diciendo que tenemos que educar a nuestra gente para que las piedras que lancemos sean ideas, para que podamos criticar pero también aceptar los buenos cambios que se dan en nuestro país aunque a veces nos afecten personalmente.