¿Los pájaros contra las escopetas?

Tomado de El Telégrafo

Carol Murillo, cmurillo@telegrafo.com.ec

En los detalles está la diferencia. Hoy son interlocutores válidos, del debate político, sectores que hasta hace poco solo eran parte del paisaje social del país: los indígenas, los maestros, los trabajadores, los informales.

La derecha vacía de cuadros y razones para existir políticamente sueña con que los excluidos –sus excluidos- enciendan la mecha social que inicie, por fin, la desestabilización y caída del gobierno de Rafael Correa.

Esa derecha, expresada en muchos de los medios de comunicación libres, otorga una cobertura inusitada a las protestas de profesores y estudiantes públicos.

Ahora son maestros y estudiantes. Le han elevado la categoría dependiendo de contra quién protesten. Cuando yo era estudiante pública y esos mismos estudiantes y maestros se paralizaban, la cobertura era distinta. Se exhibían sus peores actos: piedrazos a los policías, rotura de parabrisas, “estudiantes” que portaban armas y disparaban a mansalva, en fin, malandrines y no estudiantes; jóvenes que aterrorizaban una zona –la calle América y sus alrededores del Mercado Santa Clara (Quito)- y atentaban contra la propiedad privada.

Ahora, paradójicamente, existen la UNE y la FESE como entidades respetables. Agrupaciones que encarnan intereses clasistas legítimos. En el pasado eran ‘brazos armados’ de un partido degradado: el MPD. Hoy son invitados de honor en los medios libres, y sus desmanes estimulan titulares y portadas en los diarios libres.

El rector del colegio más glorioso de Guayaquil se presenta -un día después de su destitución- en dos canales de TV. Su presencia deschavetada y su discurso enredado desnudan la verdadera situación del magisterio: mediocridad y pobreza intelectual –antes achacadas por los medios privados- hoy son reemplazadas por la valentía de enfrentarse a un ‘régimen fascista’.

Otro rector, de una universidad guayaquileña, vulgar al responder el celular cuando un día –hace varios meses ya- se le pidió un artículo de opinión para el diario público, hoy recorre las calles vilipendiando al Gobierno y abrazando la causa de la educación superior en su sustrato más abusivo: la autonomía.

Los indígenas, otrora una facción que ‘no representa’ al país -porque aún quedan rezagos coloniales de vergüenza cultural- hoy son el subterfugio de la derecha mediática. Ruegan que esta madrugada el Ecuador sea obstruido en sus principales vías internas. No importa si la lucha se debe a una mala e interesada lectura del Proyecto de Ley de Aguas, no. Lo rentable es que el Gobierno tiemble. Y que los indígenas, esa mancha de nuestro paisaje, esa postal de pobreza que se llevan los extranjeros que consumen el turismo mestizo, sean quienes lo golpeen con toda su “fuerza social”.

Los trabajadores, otrora sindicatos dorados con una dirigencia vitalicia sin vergüenza, son también animados a facturar la pólvora…

Muchos medios libres son vitrinas de un malestar social artificial. O, por lo menos, muy distinto a épocas de lucha real como aquella aleccionadora cruzada por la no firma del TLC.

La derecha y sus muchos medios juegan a la piromanía social con la más absoluta libertad de expresión. ¡Qué ironía!

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