Acerca de Garroteros y Tirapiedras
Para el homo sapiens no fue fácil pasar del estado salvaje a la civilización. Dotado ya de todo un potencial intelectual que lo diferenciaba de todas las demás bestias, era conciente de estar en desventaja en un medio natural donde los depredadores lo superaban en fuerza, agilidad y desarrollo sensorial.
Este tránsito doloroso hacia la cúspide de mayor depredador del planeta y al dominio de la naturaleza para su provecho, solo fue posible por la observación, la reflexión, y el ensayo-error.
Desprovisto de las características de las fieras que cazaban en solitario, osos y felinos principalmente, pudo darse cuenta del exitoso desempeño de depredadores menores, hienas y lobos, capaces de capturar presas que lo superaban ampliamente en peso y velocidad a través del esfuerzo colectivo, de una estrategia de caza y técnicas de aislamiento, cerco y ataque.
El esfuerzo en equipo, esto es, la vida en grupos y la socialización del trabajo fue el gran salto que marcó la diferencia.
Sin embargo, y a diferencia de estos cazadores, el hombre no tenía ni las garras ni la dentadura apropiada para dar el golpe final sobre la presa.
Pero tenía ingenio, producto de su cerebro más desarrollado, tenía una visión estereoscópica que le permitía ver en tres dimensiones y calcular las distancias y tenía un par de miembros, sus manos, con una estructura anatómica capaz de permitir la manipulación y elaboración de herramientas.



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