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Que te vaya bonito…

Los amores encontrados, los amores imposibles siempre han sido y serán temas para componer poemas, canciones y la misiva última del amante despechado antes de su suicidio. Morir de amor siempre fue la forma más bella de morir.

Tan vieja como la humanidad, el amor ha trastornado a hombres ecuánimes, ha vuelto homicidas a los pacíficos, coléricos a los mansos, tranquilos a los violentos, melancólicos a los alegres, eufóricos a los tristes, sanguinarios a los justos y hasta aquel que murió infamemente en la cruz “por salvar los pecados del mundo”, lo hizo por  AMOR a quienes en dos milenios no han hecho el mínimo esfuerzo para justificar el deicidio.

El amor también fue el pretexto para la avaricia y la guerra. Homero nos relata la destrucción de Troya, por la supuesta traición a la hospitalidad griega por un príncipe troyano. Y OH sorpresa, cuando cae la ciudad sitiada, por el ardid del caballo, del burro o de lo que haya sido, la amante raptada vivía feliz con su joven príncipe, opción válida para ella ante la eventualidad de solo ser la concubina de un viejo y sátiro rey griego.

Hace más de cincuenta años, ese gran compositor José Alfredo Jiménez, compuso la canción que tanto le gusta a nuestro Presidente: Ojalá que te vaya bonito.

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Hablemos de Economía (1)

Desde que Rafael Correa asumió la presidencia de la república, anunciando claramente la intención de cambiar de manera radical la forma de ver la economía y la política económica, los grupos de derecha, beneficiarios de la miseria nacional y aupadores incondicionales del neoliberalismo, levantaron su voz, en un concertado intento de las clases dominantes por defender lo que, hasta ahora, había sido un feudo indiscutido de su pensamiento y acción.

El primer cambio de visión y de acción se centra en cómo medimos el éxito económico. Para los neoliberales y monetaristas, que durante las dos décadas perdidas para América Latina hicieron lo que a bien tuvieron, la medición del éxito estaba en los indicadores monetarios: el tamaño del presupuesto, el nivel del déficit presupuestario, el control del gasto público, la tasa de inflación, la tasa de interés, los depósitos monetarios, el crédito bancario, etc. Es decir, para la derecha, sólo interesaba el bienestar de los indicadores macroeconómicos: si ellos estaban bien, no importaba que los seres humanos muriesen de hambre.

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