Que te vaya bonito…
Los amores encontrados, los amores imposibles siempre han sido y serán temas para componer poemas, canciones y la misiva última del amante despechado antes de su suicidio. Morir de amor siempre fue la forma más bella de morir.
Tan vieja como la humanidad, el amor ha trastornado a hombres ecuánimes, ha vuelto homicidas a los pacíficos, coléricos a los mansos, tranquilos a los violentos, melancólicos a los alegres, eufóricos a los tristes, sanguinarios a los justos y hasta aquel que murió infamemente en la cruz “por salvar los pecados del mundo”, lo hizo por AMOR a quienes en dos milenios no han hecho el mínimo esfuerzo para justificar el deicidio.
El amor también fue el pretexto para la avaricia y la guerra. Homero nos relata la destrucción de Troya, por la supuesta traición a la hospitalidad griega por un príncipe troyano. Y OH sorpresa, cuando cae la ciudad sitiada, por el ardid del caballo, del burro o de lo que haya sido, la amante raptada vivía feliz con su joven príncipe, opción válida para ella ante la eventualidad de solo ser la concubina de un viejo y sátiro rey griego.
Hace más de cincuenta años, ese gran compositor José Alfredo Jiménez, compuso la canción que tanto le gusta a nuestro Presidente: Ojalá que te vaya bonito.



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