Yasuní – ITT

En medio de la felicidad de la mayoría de ecuatorianos que celebramos los 3 primeros años de soñar con crear una Patria Nueva, y a pesar de la desesperada lucha que la derecha derrotada libra desde los medios de comunicación, desde la bancocracia, desde la cúpula de la iglesia y desde los partidos fracasados, cada vez son más notorios los cambios que se hacen en el camino de construir una patria del tamaño de nuestros sueños.

Se hace necesaria una reflexión sobre la denuncia que hizo el presidente Correa en torno a las negociaciones que se realizaban en el marco del Proyecto Yasuní-ITT, en las cuales hizo público cómo, el afán exitista de algunos negociadores ávidos de firmar el fideicomiso de los fondos, escondía el afán de atar las manos del gobierno nacional, llevándolo a adoptar una política de desarrollo condenada al fracaso, en aras de la defensa de un falso ecologismo que no reconoce el pasado de explotación que hemos sufrido, y menos, la posibilidad de un futuro soberano y digno.

Ojalá Manuela Gallegos tenga la fortaleza interior para sumarse nuevamente a este proyecto que implica servir con infinito amor a la patria, sin esperar que nos pongan en una posición de “reconocimiento” social, y menos de lucimiento personal.

Lo de Fander Falconí y Alberto Acosta, y ojalá que nadie más, es peor porque implica una actitud desleal con el proyecto. Ellos, o cualquier otro, tienen derecho a entender el tema de la ecología y su relación con el desarrollo económico desde una perspectiva diferente a la que tenemos la mayoría de ecuatorianos, pero no es honesto aprovecharse de la alta posición ostentada, para proponer y defender soterradamente en la acción pública, SU POSTURA, en lugar de defender la postura del gobierno, que les guste o no, es la postura que elegimos en las urnas.

El problema es mucho más sencillo de lo que parece, pero el tratamiento artero y tendencioso que le ha dado la prensa termina por distorsionar las cosas.

El planeta afronta los problemas climáticos y ecológicos como producto del saqueo que el norte rico y desarrollado impuso, históricamente, a los países pobres y atrasados del sur. Su modo de vida, ostentoso, ofensivo e insostenible, se sostuvo y se sostiene en la explotación de nuestros pueblos y de nuestros recursos naturales.

Desde el saqueo impuesto por la conquista y la colonia de Nuestra América hasta la actual depredación ambiental a través de la explotación petrolera y minera; mientras ellos destruían y terminaban con sus propios ecosistemas, destruían sus bosques, contaminaban sus mares y sus fuentes hídricas, extinguían especies animales y construían sus riquezas, nos impusieron una división internacional del trabajo que nos condenó a la miseria, haciéndonos exportadores primarios de minerales o de monocultivos, y peor, ¡Exportadores de seres humanos a los que pagaron y pagan ínfimas remuneraciones para sostener sus niveles de riqueza!

Hoy, frente al calentamiento global y la crisis del agua y la destrucción acelerada de ecosistemas que hasta ayer parecían inconmovibles como los glaciares de alta montaña o los hielos polares o los inmensos océanos, los países desarrollados pretenden “donar” lo que nos deben, “proteger sus” dineros en fideicomisos y “orientar” los proyectos a ejecutar. Si nos fijamos, es la misma actitud de superioridad que era sustento de las cartas de intención del FMI y de toda la condicionalidad económica que impusieron a los gobiernos neoliberales.

¡No! lo que tienen que hacer es darnos el dinero que nos adeudan y nosotros, como países soberanos, decidiremos los proyectos a ejecutar para garantizar el desarrollo de nuestros países desde la visión que tenemos y nos guía. El gobierno ecuatoriano, reconociendo lo innovadora de nuestra propuesta y aceptando que no hay antecedentes legales en el planeta, aceptó lo del fideicomiso, pero no aceptaremos jamás que pretendan imponernos el camino del desarrollo que alientan los “infantilistas” de cualquier pelambre, el  mismo que propoone la no explotación minera y la no explotación petrolera, y la conservación de la Amazonía “intacta” sin ningún beneficio nacional.

Toda actividad económica supone un nivel de contaminación. Según la postura de de los infantilistas tendríamos que volver a la época de las cavernas para “no contaminar”. No, el desarrollo supone que adoptemos aquellas prácticas productivas que garanticen un mayor beneficio social y un mínimo de contaminación ambiental; y para ello, podemos y debemos recurrir a todos los avences tecnológicos que ayuden a mitigar los impactos negativos sobre el medio ambiente.

No es justo, ni con los pueblos ni con la historia, y menos con el futuro de esos mismos pueblos, que los países ricos del norte pretendan, luego de haber depredado sus espacios territoriales, convertir a los países pobres del sur en reserva “ecológica” que garantice la reproducción de su riqueza y la sostenibilidad de su modo de vida. Es de fundamental prioridad que ellos, los países ricos, adopten compromisos serios en torno a la conservación del planeta, para que los fracasos como los de Copenhague y Kyoto no sigan siendo el patrón de conducta adoptado por su soberbia.

Para terminar, volviendo a las dicotomías que nos planteaba el esquema centro-periferia, las posturas de Alberto Acosta y Fander Falconí, no parecen representar nada más que las propuestas, que se hacen desde la periferia, para sostener los intereses más retardatarios de un ecologismo falsamente radical de los países ricos del centro, mediante el que pretenden comprometer a todos sin comprometerse ellos a nada.

Espero que estas reflexiones sirvan para discutir abiertamente el tema. A propósito, es otra de las bellas ganancias de este cambio de época, ahora podemos discutir sobre todo lo que estimemos necesario, no como antes que nos imponían leyes y ni siquiera nos enterábamos de lo que estaba vigente.

Una respuesta a “Yasuní – ITT”

  1. hteran  on Enero 19th, 2010

    Me parece importante el poner de relieve que no se debe explotar el petróleo de ITT porque sí, sino que las razones son de orden netamente ecoambientales y que se lo hará a futuro luego de cumplir con el compromiso que se adquiera por la compensación por un período determinado. También hay otros argumentos como lo económico y de desarrollo que el petróleo representa para el país y que por ello no se puede permitir no explotarlo en un futuro predefinido.


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