Tomado de El Telégrafo
Juan J. Paz y Miño Cepeda, 2/11/2009
En marzo de 2005, más de 2.500 catedráticos, profesores titulares, profesores contratados, investigadores y becarios investigadores de diversas universidades de la Unión Europea difundieron el documento: “¿Qué educación superior Europea? Manifiesto de Profesores e Investigadores Universitarios”. En él puntualizan una serie de preocupaciones de la época contra la tendencia unificadora entre las universidades europeas a privilegiar las demandas del mercado y la empresa privada por sobre los criterios de profesores y estudiantes, y con menosprecio de las humanidades, la ciencia pura, las artes y hasta los estudios teóricos superiores.
Hay decenas de pronunciamientos similares, incluso, en América Latina. Todos ellos se oponen al espíritu universitario “privatizador” que se puso de moda en el mundo, que identificó a los estudiantes como “clientes” y que sujetó a las universidades a los “expertos” en gerencia y administración. Hoy se ha olvidado que las ideas del “Consenso de Washington” en economía, tuvieron su contraparte en los documentos y propuestas del Banco Mundial y de la OMC para convertir a la educación superior en un “servicio” sujeto a las condiciones del mercado y a las demandas empresariales.
Lo que ocurría en el Ecuador era aún más dramático. Durante las décadas de los ochenta y noventa del pasado siglo, el “modelo empresarial” condujo a un mayor deterioro de la educación pública, a la proliferación de universidades privadas, la “feria” de postgrados de todo tipo y, sobre todo, al abandono creciente de la investigación académica y científica. Lo prueban los informes del CONESUP. De manera que la universidad ecuatoriana se volvió, con excepciones que apenas pueden contarse con los dedos, en meras instituciones de docencia, en las que interesaban las “clases” y el uso “eficaz” del recurso profesores (frecuentemente mal remunerados), con quince, veinte o más horas de clase semanales. En lugar de mantener los contratos de acuerdo con el Código del Trabajo surgió el invento de los contratos de servicios sujetos al Código Civil, con una escandalosa burla de los derechos laborales. Se llegó al colmo de que algunas universidades o facultades cifraban su “calidad” en la obtención de certificados ISO.
El daño de la “administración neoliberal” para la universidad ecuatoriana solo ahora empieza a dimensionarse. Y se hace evidente la necesidad de un cambio radical para tratar de recuperar viejos principios: la excelencia científica y académica constituyen los parámetros de la calidad de los profesores y, sin duda, de la misma universidad; la investigación y no la simple docencia es el centro de la actividad universitaria; el rigor en el trabajo y el esfuerzo estudiantil son la base de su formación; no son el mercado ni la empresa privada los que orientan a la universidad sino las necesidades del desarrollo social nacional; el Estado tiene un principio regulador sobre la educación. Estos debieran ser los temas del debate, si se quiere superar el pasado inmediato y lograr universidades comparables con las de Europa, los EE.UU. u otros países latinoamericanos.






2 Responses to Universidades en la mira
admin 6 noviembre 2009
Puede descargar desde este sitio el documento ¿Qué educación superior Europea? Manifiesto de Profesores e Investigadores Universitarios en formato PDF
Stalin Benitez 7 noviembre 2009
En el artículo se dice “De manera que la universidad ecuatoriana se volvió, con excepciones que apenas pueden contarse con los dedos, en meras instituciones de docencia”. ¿Cuáles son las excepciones? ¿Serán la ESPOL y la UTPL que son las “mejores” del Ecuador de acuerdo al último ranking mundial, siendo las número 1059 y 1871 respectivamente entre las 6.000 primeras del mundo?
Que yo sepa ninguna de estas dos instituciones –y he sido profesor en ambas- manejan el concepto real de lo que es investigación universitaria. En ambas universidades durante largo tiempo se ha privilegiado la llamada “investigación auto financiada” que ha sido realmente negativa para la investigación científica tal como se la concibe en las universidades europeas pues al tratar de buscar el auto-financiamiento de la investigación estas dos universidades se han convertido en verdaderas empresas de consultoria que compiten de manera desleal contra las compañías consultoras y contra sus propios profesionales que hacen consultoria.
¿Porque digo que la competencia es desleal? Porque las mencionadas universidades -con su membrete de por medio- se dedican a conseguir los contratos de supuestas investigaciones que son en realidad servicios de ingeniería o de otro tipo y “premian” a sus profesores que intervienen en las “investigaciones” con bonificaciones económicas, quienes a su vez hacen trabajar a los estudiantes con bajos salarios, para conseguir en realidad metas de servicios y no prácticas de investigación en temas de avanzada científica como deberían ser las tesis de graduación, que por el contrario no reciben ningún tipo de apoyo económico para su realización. Además, la universidad -en este caso la ESPOL que yo conozco más- para aprobar un “proyecto de investigación” que son en realidad estos servicios de consultoría se margina obligatoriamente un margen de utilidad de mínimo un 35% del total bruto del presupuesto, esto con el pretexto que con eso ayudan a autofinanciar el presupuesto universitario.
El resultado de esta política es que a los profesores universitarios no les interesa en lo más mínimo la suerte de los egresados que no saben de donde sacar temas de tesis y sobre todo financiamiento. No nos olvidemos que esta actividad de las tesis son la fuente más grande de la investigación universitaria en Europa y EE UU en donde los profesores compiten para tener fondos para solventar las tesis no de uno sino de varios tesistas al mismo tiempo, con temas orientados en su conjunto a resolver algún tema de tipo científico o aplicado.
Y no he mencionado el tema de los profesores que trabajan solo por horas de clase dictada -que ya comienzan a ser mayoría en la ESPOL- y que en la UTPL son ahora más del 90 %. ¿Será posible que la universidad ecuatoriana haga investigación en estas condiciones si la docencia apenas se cumple?