Hablemos de Economía (2)

EL NEOLIBERALISMO: DE ESPALDAS A LA REALIDAD

Una economía al servicio de los pobres, los pobres incorporados a los procesos de producción, una producción que sirva al desarrollo nacional y no a la especulación financiera y monetarista. Esa es, dijimos la semana anterior, la nueva visión de la economía que debe construirse desde la unidad de la izquierda.

Pero la vigencia de casi tres décadas de neoliberalismo alteró completamente no sólo la visión general de la que hablamos antes, sino que construyó, -desde una perspectiva fundamentalista y religiosa- una serie de “teorías”, “modelos” y “esquemas” que se referían a relaciones, conductas y modos de funcionamiento que no tenían ninguna relación con la realidad.

Raúl Prebisch, el economista fundador de la Cepal, decía que en vano esperaron durante años en América Latina que los neoclásicos aportaran con ideas al tema del desarrollo económico o a la superación de las grandes disparidades en la distribución del ingreso. Y no lo hicieron porque no tienen una teoría económica que permita explicar los fenómenos globales del desarrollo, concluyendo que “si la teoría económica es insuficiente es porque ignora la estructura social y sus mutaciones y las cambiantes relaciones de poder que emergen de todo ello”

En un perverso afán de “asepsia doctrinaria”, los académicos neoliberales construían modelos alejados de la realidad para justificar el funcionamiento de políticas económicas que tenían como único objetivo, perpetuar la dominación imperialista, reproducir las relaciones especulativas que garanticen al capital financiero y mantener un sistema de relaciones en el que nosotros vendíamos bienes primarios. -de bajos precios- y ellos nos proveían de bienes industriales, permanentemente al alza.

Un ejemplo abrumador, y no el único, de este aislamiento de la realidad se da en 1983 cuando se le concede el premio Nobel de Economía al economista francés, naturalizado en EE.UU., Gerard Debreu, autor de una demostración matemática, en la que es posible el equilibrio general en una economía de competencia perfecta. El modelo construido en la febril mente del premiado implicaba, que en todos los mercados, en competencia perfecta, era posible esperar que todas las transacciones económicas fueran reguladas y “eficientemente asignadas” por el libre juego de la oferta y la demanda.

Que dicho mercado de competencia perfecta no existiera de manera generalizada, que más bien estuviéramos plagados de monopolios, (un solo ofertante), o de oligopolios (un pequeño grupo de ofertantes), o que la economía requiriera de empresas públicas o cooperativas, o comunas no importaba. Que existieran sindicatos obreros para proteger el derecho al trabajo o cámaras productivas para proteger sus privilegios tampoco importaba. Que existiera un régimen de seguridad social para promover la solidaridad colectiva tampoco era obstáculo. Todo esto hubiera tenido que desaparecer para que el “equilibrio general” de Debreu fuera posible.

Nadie se asombró de que se premiara una fantasía así. Sin embargo, a su amparo revitalizaron las teorías clásicas y el neoliberalismo empezó a proclamar que los precios debían regularse por el libre juego de la oferta y la demanda, convirtiendo lo que era una construcción matemática y una excepción en la realidad, –la competencia perfecta- en el patrón de elaboración de las políticas económicas bajo la falacia de que el mercado era un óptimo asignador de recursos.

Lógicamente, no se trata de burdas equivocaciones conceptuales y académicas, detrás de todas estas construcciones teóricas estaba el interés de reproducir y sostener un modelo económico que privilegiaba a los más ricos y empobrecía cada vez más a los más pobres. Se impidió al estado intervenir en la economía y en la fijación de precios mientras ellos fijaban precios, calidades y cantidades a su antojo en mercados que controlaban fieramente. Este es el fundamento de la profunda inequidad que caracteriza a los países que ellos mismos calificaron como “en vías de desarrollo”

Mientras estemos sometidos no habrá vías al desarrollo. El claro entendimiento de estas diferencias no permite ver porqué es importante combatir las falacias que sirvieron para justificar la depredación a la que nos han sometido. Es fundamental que entendamos que las nuevas formas de economía contempladas en la Constitución de Montecristi son vitales para romperle el espinazo al neoliberalismo.

Frente a los oligopolios y monopolios de los pelucones, construyamos nuevas formas de producción que impliquen además la construcción de nuevas formas de organización popular: desde cooperativas, desde comunas, nuevas formas de producción popular y asociativa, etc. Y tengamos presente siempre, .el gobierno debe tenerlo presente- que sólo la unidad de la izquierda hará posible estos cambios, y que así como dialoga con empresarios y banqueros, es más importante sentarse a dialogar con la izquierda para afianzar el camino común.

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